Ya ha pasado bastante tiempo, de ese que todo lo cura, y me he levantado la prohibición para conocer blogueras, hace unas semanas me arrastraron a una cita con una Blogger de primera línea a la que dejé claro que no quería conocer pero como tiran más dos tetas que dos carretas allá que fui y oyes, que no me he muerto, porque yo pensaba que era lo siguiente que me iba a pasar con una bloguera, que sí, que estáis todas locas jajajaja y como sigo con vida he dado un paso más y he dejado entrar en la parcela a una bloguerita a la que intentamos agasajar con una bollocena, que por cierto, nos reventó, a ver bonita, no se lleva la cena a donde te han invitado a cenar.
No voy a hacer una crónica de la visita pero sí hay una cosa que si no cuento reviento. Si es que solo tengo malas ideas.
Estaban la Pakirrota y bloguerita en la terraza y yo saliendo de casa para encontrarme con ellas veo que me he traído el palo de atizar las brasas, sí, me lo he traído, no sé cómo, pero me lo he traído a la casa, lo cojo para llevarlo a su sitio cuando veo que bloguerita le mira raro y claro, esta es la mía, pongo mi cara de llevo a cuestas veinte asesinatos y tengo sed de sangre y le digo clavándole los ojos, este es el palo que utilizo para matar a las visitas que luego enterramos en el jardín, verde, verde, se puso verde.
Pobreta, que malo es no conocerse, datos, una vez atropellé a un gato con el coche y todavía estoy llorando.
Voy a aclarar, luego pasa algo y la que acaba en la cárcel soy yo, que volvió viva a su casa, eh, con gorro pero viva.